Especial: NAVIDAD 🎄
Dicen que la Navidad es magia, pero a veces se siente más como un trámite. Si alguna vez te pasó, este post es para vos. ¿Sos el Grinch o sos auténtica? Es una cuestión de perspectivas.
ESPECIAL
Florencia Vallese
12/24/20254 min read
Soy el Grinch de las Navidades. Qué decirte… creo que en gran parte es por las malditas películas navideñas (que amo completamente). Sí, sé qué estás pensando: ‘se está contradiciendo’ o ‘está drogada’. Sí y no (ahora yo me estoy riendo).
No vengo de una familia numerosa. Cuando era más chica, mi abuelo solía ser la amalgama entre todas las mujeres. Recuerdo que en su mayoría, la única razón por la cual iba a las cenas de Navidad (esas en donde te juntás con mil personas que durante el año no tenés idea qué les pasa, pero que comparten ¼ de tu grupo sanguíneo) era él.
En mi adolescencia, las veces que mi abuelo no festejó la Navidad, que fueron un par, yo la pasaba con la familia de mis amigos. Casi siempre con Maru (hola, Maruuuuuuuuuuu. Ahora que lo pienso, probablemente la que me lee es tu mamá. Hola, Marce. Te quiero, gracias por fumarme).
El punto está en que para mí las Navidades ‘en familia’ se terminaron el 6 de diciembre de 2017. Ese año, que falleció mi abuelo Castor, no recuerdo qué hice en Navidad, pero desde entonces, evité las juntadas tradicionales. Básicamente porque, al menos para mí, ya no tenían sentido.
Acá hay algo que si me seguís en instagram seguro que ya lo percibiste, pero te lo confirmo: me es muy difícil caretear en cualquier lugar en donde no me siento cómoda o a donde voy obligada. Si algún día nos cruzamos (y eso sucede) te vas a dar cuenta porque mis cambios de energía se notan a la legua. Mi cara habla por sí sola. Antes me preocupaba por mantener “las formas”, pero ahora… Soy inimputable.
Tengo algo así como dos ‘moods’: o me abstraigo completamente y estoy en la mía (lo cual suele llamar la atención porque soy un ser sociable) o te vas a dar cuenta quién y por qué me cae mal (mi mejor amiga dice que tengo una cara de ‘fulminantes’; no lo sé, no lo hago a propósito).
La realidad es que no suelo dedicarle tiempo a los vínculos efímeros, porque no tengo ni la más puta idea de cómo vincularme a medias. Y, si hablamos de las fiestas, tengo una lógica que es infalible: si no quisimos hablar durante 364 días (porque tiempo para lo que te importa, sobra)… ¿cuál sería la razón para pasar una cena juntos?
No lo entiendo, y no sólo no lo entiendo, sino que me fastidia.
‘Piri is fimilii’. Bueno, acá te voy a ser cruda. La RAE tiene muchísimas definiciones de familia, la mayoría lógicamente ligadas al linaje, pero a mí no me gustan las definiciones rígidas. Creo que ‘familia’ es una de esas palabras que está completamente condicionada al mundo emocional.
Si tuviera que caracterizar (a los bogas nos encantan las características y las clasificaciones), para mí, una familia debería tener al menos tres pilares esenciales:
La noción de un “nosotros”. Me voy a poner filosófica, pero el hecho de que exista un nosotros en cualquier vínculo implica que tu ausencia se nota y tu presencia se valora. Creo que hay una cosa de sentirse aceptado así, tal cual uno es. Un nosotros es un lugar donde somos.
La "incondicionalidad" (lo pongo entre comillas porque creo que los vínculos sin condiciones no son sanos, pero lo dejamos para otra publicación). Pensemosla como esa sensación de compañía y apoyo no sólo en las crisis, sino también en el día a día. Esto, sin duda, tiene que venir acompañado de la comodidad para sentirte vulnerable. Conozco tus sombras, tus peores facetas y, aún así, acá estoy.
El folklore. La cosa propia de crecer al lado de alguien y compartir complicidad ¿no? Los chistes internos, los rituales, la historia que los une. Compartir quiénes son y cómo han evolucionado. Tu lugar seguro.
Bajo estos parámetros, soy una convencida de que no nacés en familia, sino que la construís y la elegís. Lo que realmente sella un vínculo es esa voluntad de permanecer unidos a pesar de cualquier cosa, los conflictos, la distancia, no importa. Al final del día, es tu familia y no tiene nada que ver con compartir un cromosoma de ADN.
La sangre no puede suplantar el esfuerzo y la dedicación que implica sostener un vínculo. Sí creo que se puede dar al revés, te esforzas por sostenerlo porque es de sangre, pero muchas veces esos tres pilares no están ni cerca de tu linaje. Y está bien. Creo que solo vos vas a poder evaluar los cimientos y, a partir de ahí, elegir.
Por eso me siento el Grinch. Porque esas películas navideñas que tanto amo me muestran una foto que, en mi mesa tradicional, salió un poco movida. Porque me costó y me cuesta desde la falta de mi abuelo, encontrar un espacio en donde el folklore no se sienta forzado y el nosotros no se desdibuje entre gente que apenas se conoce.
¡OJO! Ser el Grinch no es odiar la Navidad. En mi caso es, simplemente, la negativa rotunda a fingir y la decisión plenamente consciente de no regalar ni mi energía ni mi tiempo en mesas donde no me siento plena.
Si llegaste hasta acá, este es mi deseo para vos este 24 y 25 de diciembre.
Ojalá tengas los ovarios (o los huevos) de elegir. Ojalá que, si brindas a las 00:00, lo hagas mirando a los ojos a tu tribu, a tu familia construida, a esos que te bancan en tus sombras y celebran tus luces. Y si te toca pasarla solo (o huyendo de la hipocresía), brindá por vos y disfrutalo. Yo lo hice el año pasado y la viví muy plena y feliz, porque no hay nada más navideño que regalarse a uno mismo la paz de ser auténtico.
JOJOJO. Feliz (real) Navidad.



